
El otro día circunstancialmente cayó en mis manos el Cosmopolitan, esa revista tan fresca y sensacional, interesada en instruir a las jovencitas del Siglo XXI con trucos de moda, belleza, salud y roneo veraniego.
Decidí ponerme a leer ese maravilloso decálogo del SMS, del que yo alguna vez he hablado y que es el ABC de toda conducta decorosa y saludable. Porque hoy en día las conductas coherentes y sensatas pasan necesariamente por ser a su vez saludables y sobre todo, sanas.
De los imprescindibles 10 mandamientos de Cuándo jamás debes mandar un SMS a alguien, rescato quizás los más fundamentales:
Jamás mandes un mensaje de texto si acabas de ver a esa persona hace 20 minutos: Lo de “Me lo he pasado muy bien contigo” o “Tenemos que repetir en otra ocasión” es innecesario y está fuera de lugar. Ésta última es mi frase de cabecera de la semana. A mí todo comportamiento humano, últimamente me resulta fuera de lugar.
No recurras a frases absurdas y manidas: “Te debo un café” o “Haber cuándo tomamos un café y charlamos” es del siglo pasado. En esas frases hay una carga escalofriante de falta de originalidad. Las plantillas que vienen de serie en el Nokia seguro que son más originales que tú.
No pretendas ser gracioso: Cuando alguien lee un sms no acostumbra a apreciar tu sutil sentido del humor. Con un “Hola caracolaaa” jamás se puede resultar ser chisposo. Krusty el payaso tiene más gracia que tú.
No cuentes tu vida por sms: Creo que es evidente. Detesto a la gente que se pasa la vida comentando las chorradas más insignificantes por mensaje. ¿Es necesario que tengas que mandar un SMS cada 10 minutos?
Jamás mandes un mensaje a partir de las 3 de la mañana: ¡Ayyy! ¡Cuántas veces habré dicho yo esta frase…! Mi teoría dice: Lo que no seas capaz de decir a las tres de la tarde no lo digas a las tres de la mañana. El mensaje de un borracho es lo menos glamoroso que haya existido y exista jamás.
Nunca hagas reproches: “¿Por qué no me has llamado?”, “¿Dónde te has metido?” son frases que sobran. Fuera de lugar, lo tengo ya dicho hasta la saciedad. Si pretendes amarrar a alguien para eso existen cadenas buenísimas en las ferreterías.
En fin, mandamientos básicos aplicables a la vida cotidiana. Necesarios y siempre imprescindibles. Y si ya lo dice la Cosmopolitan, es que va a misa…